Un viaje a Perú para rescatar las primeras referencias a la quinoa

Los viajes también nos permiten hacer saltos en el tiempo. La ilusión del retorno al pasado que ha alimentado tantas obras literarias y cinematográficas es posible en buena medida al visitar los lugares en los que ocurrieron los hechos tras los cuales desandamos pasos.

Con ese objetivo plantemos este viaje del que ahora vamos a hablar. Para ello necesitamos hacer un salto hacia atrás de 479 años y plantarnos en Cuzco. En esa ciudad peruana nació el 12 de abril de 1539 un niño mestizo, hijo del capitán Sebastián Garcilaso de la Vega y de la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo, sobrina del penúltimo rey inca de Cuzco. Ese niño, bautizado como Suero Gómez de Figueroa, es más conocido como el Inca Garcilaso de la Vega, nombre que él posteriormente reivindicó tanto para identificarse como uno de los primeros autores literarios iberoamericanos como especialmente en recuerdo del cruce cultural que su propia existencia representaba.

“A los hijos de español y de india o de indio y española nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en indias; y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él”, escribió de sí mismo el Inca Garcilaso de la Vega.

Testigo del encuentro entre dos culturas, dos modos de vida: así le gustaba entenderse. Su padre se encargó de que dominase el castellano e historia de España. Su madre hizo lo posible para que su hijo respetase los valores de sus ancestros incas. Ella le enseñó el quechua, la lengua hablada en Cuzco antes de la colonización y que todavía hoy resiste en esa y otras poblaciones como minoría cultural.

Siguiendo lo que era una práctica habitual en la época, el padre del Inca Garcilaso abandonó pronto a su madre para casarse con una noble española con la que tuvo dos hijas.

Tras la dolorosa separación de su familia, el Inca siguió viviendo en la casa de su padre, quien murió en 1559. Por testamento, legó a su hijo unas haciendas de coca y la suma de cuatro mil pesos para que fuese a estudiar a España. Pero no pudo tomar posesión de la hacienda paterna porque, según la legislación de la época, esta tenía que pasar primero a las hijas legítimas

Así que, con 21 años de edad, en el año 1560, se fue a vivir a Lima, en donde se queda fascinado con una visión que lo perturba: la del océano Pacífico.

Carlos Andrés Gamero (CC BY-NC-ND 2.0)

En el puerto de El Callao embarcó rumbo a España. Luego de una difícil travesía de más de un año, llegó a Lisboa, desde donde se trasladó a Sevilla. Allí inició los trámites para intentar reclamar las propiedades de su padre y las que le habían sido arrebatadas a su madre. Tras varios años de gestiones, la respuesta de la Corona fue negativa. Decepcionado, quiso retornar a Perú, pero su tío, Alonso de Vargas, lo persuadió para que se quedara en España, alojándolo en su casa de Montilla (Córdoba) y adoptándolo como hijo.

En 1570 el Inca se alistó en el ejército realista. Bajo las órdenes de Juan de Austria combatió en la batalla de las Alpujarras, alcanzando el grado de Capitán de su Majestad. Un año más tarde supo de la muerte de su madre, lo que terminó con sus últimos deseos de regresar a Perú. Decidió entonces vender sus haciendas peruanas y empezó a profundizar en la cultura castellana del momento. La relación con los jesuitas de Montilla y otros intelectuales cordobeses lo llevaron a traducir del italiano al castellano  Los Diálogos del Amor de León Hebreo, y a frecuentar la creación literaria, escribiendo, entre otras obras, la Historia general del Perú, la Historia de la Florida y los Comentarios reales de los incas.

Fue en este libro, publicado en Lisboa en 1609, en donde dejó para la posteridad información muy interesante sobre las comidas y alimentos habituales en Perú. Por él sabemos que los incas se hacían traer el pescado fresco desde la costa a través de un sistema de correos que salvaban las distancias corriendo. Eran entrenados desde niños para ese trabajo y recibían el nombre de “chasquis”. Además de pescado, consumían “charqui” —carne seca—, papa, maíz, yuca y quinua, es decir, la celebrada quinoa actual, tan presente en dietas y nuevas recetas, que el Inca reconoce haber querido implantar en España, sin éxito por haber llegado muertas las semillas por él solicitadas a la tierra de sus ancestros maternos. Este pseudocereal no se popularizó en Occidente hasta hace unos pocos años gracias a la NASA, que continuamente busca nuevos superalimentos para sus misiones espaciales, y vio en la quinoa un alimento muy completo a nivel de nutrientes. Su popularización, si bien puede ser beneficiosa para nuestra dieta, está creando serios problemas entre las comunidades indígenas que desde hace siglos basan en ella su alimentación, pero que ahora a duras penas pueden consumirla debido al aumento de los precios. Lamentablemente, los sellos de producción ecológica no son garantía de un acceso justo a este alimento para sus propios productores.

Para beber, según sigue contando en el libro, los incas rechazaban el agua, prefiriendo la “chicha”, elaborada a partir de maíz, yuca o quinoa fermentados. La costumbre era non beber mientras se comía, dejando las libaciones para el momento de la digestión. Referencias culinarias que recorren varios capítulos de los libros VIII y IX de los Comentarios reales que resultan preciosos para indagar en las ancestrales raíces de la actual cocina cuzqueña y peruana, en general.

Murió el Inca Garcilaso de la Vega el 23 de abril 1616, es decir, el mismo día en que se considera que también fallecieron Cervantes y Shakesperare. Fue enterrado en una de las capillas que él mismo había hecho construir dentro de la catedral de Córdoba. Sin embargo, sus restos ya no siguen allí, pues el rey Juan Carlos I los llevó de regreso a Cuzco el 25 de noviembre de 1978. Una forma de devolver a ese país a una de sus glorias literarias. Un viaje de ida y vuelta intercultural del que este año, silenciosamente, eso sí, se está cumpliendo el cuadragésimo aniversario.

 

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