Tarta inolvidable para un primer cumpleaños

El día de nuestro cumpleaños es importante porque nos recuerda que un día vinimos al mundo, que respiramos, que nuestro corazón late, pero quizá sea aún más especial de lo que pensamos, pues el origen de esta tradición nos une con los antepasados que nos precedieron 5.000 años atrás.

El día de nuestro nacimiento era, para los griegos, el momento del año en que estábamos más cerca del mundo espiritual. De hecho, creían que en el momento del alumbramiento aparecía una figura protectora que intercedía con el dios que regía ese día. La tarta, que se impuso como elemento común aglutinador en gran parte del globo hasta nuestros días, surge de los rituales de celebración de cada ciclo lunar ante la diosa Artemisa, en los que sus adoradores le entregaban una tarta hecha a base de cereales y miel, redonda como su cara, y con dos velas que representaban la luz y el brillo interior y que a su vez eran una alegoría del brillo de la luna. Al apagarlas, el humo transportaba los deseos de los cumpleañeros.

Ya en el antiguo Egipto las clases altas celebraban fiestas de cumpleaños, que tenían el objetivo de acompañar al protagonista, apoyarlo y darle regalos para protegerlo de los espíritus del mal. Quizá por esto último, el cristianimo tachó esta práctica hasta que no tuvo más remedio que aceptarla en el siglo IV, debido a que estaba muy extendida entre la población, especialmente después de que se permitiese celebrar el nacimiento de Jesucristo.

Y aunque a todos y todas nos una la tarta, esta tradición no está reñida con algunas variaciones locales: en España se tira de las orejas al cumpleañero, en la India cada invitado tiene que darle al protagonista un trozo de pastel con sus manos, en República Dominicana lo tiran agua y en México le cantan «Las Mañanitas» en lugar de la archiconocida canción de «Cumpleaños Feliz».

Y si hay un cumpleaños especial es el primero de todos, cuando los bebés son (aún más de lo habitual) los protagonistas del día y prueban, en su mayoría por primera vez, tartas y dulces. Hoy os traemos la receta de una tarta de cumpleaños especialmente pensada para bebés, pero también muy interesante para los adultos: ecológica, sin lácteos, ni azúcares refinados.

Ecológica, sin lácteos, sin azúcares

Esta tarta está especialmente pensada para bebés por no contener azúcar refinado aunque precisamente esto la hace también un buen alimento para los adultos. Para darle el punto dulce he utilizado una pasta de dátiles, un producto que además de tener mucha fibra y azúcares sin procesar, es rico en potasio, calcio, hierro y vitaminas A y B, nutrientes que no tienen el resto de edulcorantes. Los dátiles tienen múltiples beneficios para la salud, como ayudar al fortalecimiento de los huesos y la musculatura. Para este pastel he utilizado dátiles ecológicos Mudjool, un auténtico bombón que da un sabor dulce muy suave al pastel. Los dátiles son una fruta desecada al sol mientras está en el árbol de la palmera datilera, y sólo después se recolectan. Proceden principalmente del norte de África y Oriente Medio, aunque también se cultivan en zonas de España.

Además de este ingrediente estrella, hemos evitado utilizar lácteos ya que puede haber muchos niños y niñas que, por diferentes razones, aún no los tomen, utilizando en su lugar leche de coco, que aporta un sabor diferente. Y hemos recuperado otro ingrediente olvidado de nuestra gastronomía, la algarroba, el antiguo «chocolate de los pobres», con un sabor muy similar al fruto americano. Todos los productos que utilizamos son ecológicos.

Y como la cocina es alquimia, te sugiero que cojas esta receta y la hagas tuya experimentando con los sabores que más te gustan. Nosotros te presentamos la chocolatera mezcla que sorprendió a los invitados del primer cumpleaños de nuestra hija. ¡Que lo disfrutes!

Dátiles mudjool. Foto: Vic (CC by sa nc)

Ingredientes

Para el bizcocho:

  • 240 gr. de dátiles
  • 160 gr. de leche de coco para remojar los dátiles
  • 6 huevos
  • 100 gr. de aceite de oliva suave
  • 1 sobre y medio de levadura ecológica
  • 250 gr de harina de trigo integral (la harina de trigo integral no queda tan esponjosa como la harina blanca, pero a nosotros nos gusta su textura y, sobre todo, nos parece que nutricionalmente es mejor producto)
  • 120gr mas de leche de coco
  • 2 cucharadas y media de cacao en polvo sin azúcar (opcional)

 

Para el relleno y las coberturas:

  • Chocolate de algarroba: 3 cucharadas de harina de algarroba/ 2 cucharadas de harina de maíz/ 500 ml. de leche vegetal (en mi caso utilicé leche de coco, pero la de avena va muy bien).
  • Crema de frambuesas: 200 gramos de frambuesas
  • Cobertura de chocolate crujiente (opcional): 150 gr. de chocolate para fundir, 50-100 ml. de leche vegetal
  • Nata vegetal
  • Fresas

 

Procedimiento

Bizcocho

  1. Poner los dátiles a remojo en la leche vegetal. Con todo ello haremos una pasta. Cuanto más tiempo lo dejes, más fácil será triturar la mezcla.
  2. Pesar el envase que se vaya a utilizar para cocinar… ¡y acordarse del peso!
  3. Batir los huevos y la pasta de dátiles.
  4. Añadir el aceite y la leche de coco.
  5. Añadir la harina de trigo, la levadura y el cacao en polvo.
  6. Poner aceite de oliva en el molde que se vaya a usar y enharinarlo (si es de silicona, no hace falta).
  7. Para facilitar el montaje, vamos a hacer tres bizcochos. Pesa la mezcla en una báscula de cocina y réstale el peso del recipiente. Divide el resultado entre tres para saber qué cantidad debes poner cada vez.
  8. Cada bizcocho necesitará entre 15 y 20 minutos en el horno a 180º.
  9. Cuando esté listo, desmoldar y repetir el proceso.

 

Relleno y coberturas

  • Chocolate de algarroba: mezclar los ingredientes en un cazo al fuego hasta que tenga una textura de chocolate a la taza. Dejar enfriar antes de usar.
  • Crema de frambuesas: puedes triturarlas con un poco de agua en frío o después de cocerlas a fuego suave, como una mermelada, pero sin añadir azúcar. ¡A gusto del cocinero! Nosotros lo hemos hecho en caliente porque nos gusta más el sabor y la textura final.
  • Cobertura de chocolate crujiente (opcional): deshacer a fuego suave el chocolate y verter la leche vegetal, hasta que consigamos el espesor deseado. Recuerda que cuanta menos leche añadas, más dura queda la cobertura.

 

Montaje final:

  • Dentro del pastel, en una de las capas, añadimos el relleno de frambuesa y en otra de las capas la nata vegetal; se trata de una combinación interesante que contrarresta el efecto más denso del chocolate y la algarroba.
  • Una vez hayas montado los bizcochos con sus rellenos, cubre la parte de arriba y los laterales con la crema de algarroba.
  • Si prefieres un acabado más crujiente, puedes cubrir esta última capa de algarroba con chocolate para fundir.
  • Para la decoración he usado nata vegetal y fresas.

Aunque los más pequeños sólo conserven este cumpleaños en el recuerdo de las fotografías, para quienes les acompañamos será sin lugar a dudas un día inolvidable. Ahora sólo te queda poner las velas y cantar el «Cumpleaños Feliz». O «Las Mañanitas».

Tarta para el primer cumpleaños de mi hija. Foto: Rocío Ovalle (CC BY NC)
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