Suso y Yuso, corazón de La Rioja y origen del castellano

Que La Rioja es tierra de buen yantar y mejor beber no debe resultar una novedad para nadie. Los caldos de esta comunidad gozan de fama internacional, siempre bien acompañados por los platos de la gastronomía local, entre los que destacan los preparados a partir de los productos de su huerta, de ahí que las menestras de verduras figuren en todos los menús, en sus más apetecibles variantes. No se queda atrás la carne, especialmente la de cordero, base de segundos tan suculentos como el embuchado, elaborado a partir de tripas de este animal, o las chuletillas, cuanto más tiernas, más sabrosas.

Foto: aherrero (CC BY 2.0)

Pero si uno se para en San Millán de la Cogolla —y existen buenas razones para hacerlo, no solo culinarias— , está obligado a probar el caparrón, especialmente si la visita forma parte del programa del Día Redondo de San Millán, iniciativa de Turismo de Vino que invita a combinar la cultura con los placeres de la mesa. Así, tras degustar este plato de alubias secas, chorizo y otras legumbres, se está en la mejor de las condiciones para recorrer los dos importantes monasterios que honran a San Millán —el pastor eremita Emiliano— desde que estas tierras entraron en la historia, es decir, de cuando datan las glosas emilianenses, documento que acredita que fue aquí donde por primera vez se dejó registro escrito de una lengua nueva hablada por el pueblo y cada vez más diferenciada del latín oficial: el castellano. Por si fuera poco, el mismo documento —seguramente salido de la mano de un monje vasco—, ofrece también la primera anotación en euskera, de ahí que La Cogolla albergue en la actualidad Cilengua, un centro de estudios lingüísticos y literarios que congrega anualmente a los más reputados expertos y estudiosos.

Pero no terminan aquí las glorias literarias que hacen de los monasterios de Suso (“el de arriba”) y Yuso (“el de abajo”) una cita obligada, pues entre las paredes del viejo y recoleto cenobio de Suso (el más antiguo, hasta el punto de conservar restos visigodos del siglo VI) vivió Gonzalo de Berceo (c.1198-1264), cumbre del mester de clerecía y autor de Los milagros de Nuestra Señora, uno de los ejemplos más depurados de la lírica castellana del momento.

Visitar Suso equivale, pues, a un viaje en el tiempo,  en el que las distintas etapas constructivas del monasterio (desde el citado legado visigodo hasta el románico, pasando por un importantísimo patrimonio mozárabe) ayudan a imaginar la vida de oración y estudio que se desarrolló en este verdadero nido de águila, desde el cual es posible disfrutar de unas vistas impresionantes.

Cuando Suso se quedó pequeño e incómodo para la creciente comunidad monástica, se fundó Yuso, mandado construir por el rey García Sánchez III de Navarra en el lugar en el que, según la tradición, se detuvieron los bueyes que tiraban del carro en el que se daba traslado a los restos de San Millán desde las cumbres hasta el llano, en donde se erigió, en estilo románico, un gran monasterio del que apenas quedan trazas, pues dicho edificio fue demolido en el siglo XVI y reedificado siguiendo los dictados del herreriano imperante en esa época.

Foto: Trevor Huxham (CC BY-NC-ND 2.0)

Aunque muy afectado por repetidas expulsiones de la comunidad benedictina, hasta el punto de correr peligro de ruina total durante la Desamortización de Mendizábal, el Monasterio de Yuso conserva una imponente sacristía —una de las más destacables de España—, el claustro procesional, el refectorio mayor, la biblioteca, de estilo veneciano, y las maravillosas plaquetas románicas de marfil que narran en bajorrelieve la vida de San Millán, al menos las que llegaron a nosotros tras las tropelías llevadas a cabo por la soldadesca napoleónica. También hay que destacar la colección de cantorales del siglo XVII que se puede admirar en la Sala de Códices, que conserva el mobiliario diseñado en la época para acomodar estos enormes volúmenes, incluyendo un curioso sistema antirroedores consistente en albergar en los bajos de los armarios una gatera.

Es precisamente en las dependencias del Monasterio de Yuso en donde se abrió, en 1977, el Salón de la Lengua, crisol del hispanismo a nivel internacional presidido por un busto del primer poeta conocido del castellano, Gonzalo de Berceo, y por las banderas de todos los países que hablan esta lengua.

Todas estas excelencias acreditaron méritos más que sobrados para que Suso y Yuso recibiesen el título de Patromonio de la Humanidad el 4 de diciembre de 1997.

Aunque cualquier momento es bueno para acercarse a este corazón espiritual y cultural de La Rioja, los que lo hagan en 21 de marzo o 21 de septiembre podrán presenciar, a eso de las seis y cuarto de la tarde, el círculo perfecto de luz solar que se dibuja en la nave central de la iglesia del Monasterio de Yuso, al entrar un rayo por el rosetón trasero, cruzar por el óculo que corona el trascoro y llegar al centro geométrico del templo. Es decir, el equinocio certifica la precisión matemática con la que los constructores de Yuso orientaron la cabecera de su iglesia, si bien este fenómeno ha dado pábulo a interpretaciones más esotéricas que atraen, en coincidencia con estas fechas, a curiosos llegados de todas partes.

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