‘Uñas’ de cerdo para pedir un milagro a San Lázaro

Desde tiempos inmemoriales, el lunes anterior al Domingo de Ramos (cae entre los meses de marzo y abril), el compostelano barrio de San Lázaro acoge la subasta de las «uñas». Pero lo inmemorial echa raíces y se extiende generación tras generación, manteniendo ese ápice de realidad necesario para entender nuestras tradiciones. Casilda Porto Crespo, conocida en el barrio como Chila, que durante años formó parte de la comisión organizadora de la puja, explica que frente a la iglesia de San Lázaro, en el espacio que actualmente ocupa la Consellería de Montes de la Xunta de Galicia, había una antigua leprosería.

«La limosna de uñas viene por el sanatorio de los leprosos. Los enfermos le ofrecían al santo lo que podían, una uña, un lacón, una cabeza o un trozo de tocino, lo que fuera, para pedir que los curase», detalla la mujer. El lunes, después de la ofrenda a San Lázaro, se realiza la subasta de los alimentos en la parte trasera de la iglesia, gracias a la cual la parroquia consigue fondos para cubrir sus gastos.

Este año se subastaron 26 lotes, uno de ellos de huevos -un hecho insólito- ante la incredulidad de los vecinos que se arremolinaban alrededor de los mostradores. «Ahora hay muy poca limosna -comenta Chila con pena-. Cuando yo era niña había cientos y cientos de uñas y se vendían por cestos, por centenas y por medias centenas, pero ahora ya no se hace así porque hay poca puja». La tradición corre el riesgo de perderse, pues cada vez son menos los jóvenes que participan en ella, aunque los mayores siguen prefiriendo comprar las uñas en esta singular puja que en las tiendas «porque son del santo», pero también porque «las de casa tienen más grasa y saben mejor; las del mercado no saben tanto».

Cuando finaliza la subasta, la gente se reune alrededor de la banda de música o aprovechan para comprar unas rosquillas caseras, muy típicas en las fiestas populares gallegas, mientras las mujeres -porque siguen siendo pocos los hombres que lo hacen- cocinan en sus casas los bienes adquiridos. Durante la jornada de la subasta, los visitantes a la ciudad de Santiago pueden degustar este delicioso plato en cualquier restaurante del barrio (consultar detalles en la web de Turismo de Santiago de Compostela).

 

Un hospital al final del Camino

Construida en el año 1149, la malatería se situaba en la entrada del Camino de Santiago a la ciudad, lugar por el que llegaban muchos enfermos, y quedaba fuera de los muros de la misma para evitar propagar la enfermedad en el casco urbano. Entonces, tener la lepra era ser un paria y las personas que la padecían estaban condenadas al ostracismo. Parte de los falsos mitos asociados a esta enfermedad, quizá por sus efectos debastadores, especialmente en las extremidades, han pervivido hasta nuestros días y la mayoría de las personas desconocen que se trata de una enfermedad con cura y que, si el tratamiento en forma de pastillas se administra a tiempo, no produce discapacidades. En 2017, 22 personas se encontraban en tratamiento en España, 3 de ellas en Galicia.

En San Lázaro permanecían los varones afectados, mientras que ellas lo hacían al otro lado de la ciudad, en la leprosería de Santa Marta. Junto al hospital se ubicaba un cementerio y una capilla dedicada a San Lázaro, dando nombre a la calle que actualmente atraviesa el barrio. A finales del siglo XIX, el hospital fue demolido y los vecinos olvidaron su ubicación, hasta que en 2002, unos trabajos de la Xunta en un solar mostraron los cimientos de este edificio histórico. Si bien en el exterior sólo hay un cartel anunciando a la Consellería de Montes, el interior del recinto guarda restos de este viejo tesoro que se puede visitar (horario de atención al público en días laborables de 9 a 14 h).

La capilla se usó hasta 1925, momento en que su estado ruinoso obligó a derruir el edificio y construir otro en su lugar, que es el actual.

Se cree que en la época de la leprosería nació también el término «Lavacolla«, localidad que se ubica a escasos kilómetros de Santiago, donde era tradición que los peregrinos se lavaran hasta el cuello antes de entrar en la ciudad, precisamente en un intento de prevenir el contagio de posibles enfermedades a los vecinos.

Foto: Rocío Ovalle

 

La receta

El cocido es un plato muy típico de la tierra gallega en sus distintas variantes, ya sea con berza, con grelo o con naviza y con distintas carnes de cerdo, ternera o pollo. Antiguamente, este plato estaba muy valorado, pues no se comía carne de manera frecuente. La receta de este cocido que nos pasa Chila es muy sencilla, sólo requiere de un poco de tiempo.

Primero hay que poner a remojo las uñas, rascarlas con un cuchillo y limpiarlas bien. Acto seguido se echan a cocer; dependiendo de su dureza y de si son caseras o de compra pueden tardar más o menos en hacerse -se sabe que están bien hechas cuando se abren los huesos de los pies-. Entonces se sacan del fuego y en ese mismo agua se echan los primeros brotes de la berza, es decir, los bertones, y también las patas. Después, cada maestrillo tiene su librillo: hay quien echa un poco de unto al caldo o quien prefiere darle el sabor del chorizo; a muchos les gusta acompañarlo con unos garbanzos.

Y listo para servir y para comer este pequeño milagro de San Lázaro: un cocido de chuparse los dedos.

 

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