Dos restaurantes imprescindibles en el Oltrarno

Separado del centro neurálgico de Florencia por la barrera natural que supone el río Arno, el Oltrarno es la Florencia menos visitada, no por eso menos interesante y hermosa. Repleta de vestigios del glorioso pasado de la ciudad, pasear por esta orilla, también conocida entre los florentinos como Diladdarno, ofrece la posibilidad de admirar el Palazzo Pitti –tras cruzar el siempre atestado Ponte Vecchio-, entrar en las silenciosas iglesias del Santo Spirito, de San Giacomo o de San Frediano, descubrir restos de las casas-torre que durante la Edad Media dibujaban el perfil de la capital toscana y, en definitiva, encontrarse con la vida de verdad, salpicada de colmados a la vieja usanza, tiendas de antigüedades, mercerías con escaparates parados en el tiempo y, cómo no, innumerables propuestas para pasarse a degustar la gastronomía local. Y es que vale la pena cruzar el río para comer o cenar en esta otra Florencia repleta de restaurantes para todos los gustos y bolsillos: desde trattorie con capacidad para seis mesas en donde se puede llenar el estómago por menos de diez euros por barba, hasta casas de comidas con solera en donde –he aquí la prueba del algodón- siempre se encuentra a una mayoría de florentinos que optan por este barrio para darse un homenaje.

Las posibilidades gastronómicas del Oltrarno son tantas como locales abiertos a la visita del comensal: en realidad casi cada cinco puertas se podría marcar una parada en donde pedir un plato acompañado de un buen vaso de vino de la casa. Hoy vamos a detenernos en dos propuestas bien diferenciadas, una más tradicional y otra más innovadora, sin por ello perder la referencia de los sabores de la cocina de siempre. Para visitarlas basta con moverse adelante o atrás por la misma calle, la via di Santo Spirito.

Para quienes busquen un local a la vieja usanza que, eso sí, en los últimos tiempos ha ido incorporando a su carta propuestas más osadas, incluso llegadas de la mano de cocineros no italianos, Il Cantinone (via di Santo Spirito, 6) seguramente colmará las expectativas. Ubicado en una antigua bodega del duecento dotada de preciosos arcos y techos abovedados (de ahí su nombre), esta osteria regentada por los hermanos Corrado, Simone y Paolo Lo Preiato es famosa por sus carnes, que van desde la caza hasta la famosa fiorentina, el contundente chuletón solo apto para estómagos necesitados de importantes dosis de proteína animal. Sin embargo, los menos carnívoros también podrán quedar satisfechos con su sugerente oferta de ensaladas, entre las que destacamos la de cítricos, un verdadero festival de sabores de la huerta. Otro punto fuerte de este restaurante es la selección de caldos, la cual hace honor a su nombre, que se podría traducir por El Bodegón, a su apellido, pues Il Cantinone se autodenomia «la enoteca del chianti clásico«. Hay que ir muy atentos a las indicaciones del mapa o del GPS para localizar la minúscula puerta que da acceso a este sótano. Desde fuera nadie sospecharía que esa pequeña entrada que exige encoger el cuerpo para poder entrar esconde un local de tales dimensiones. Por esa razón, y por los empinados escalones que hay que bajar, tampoco es la opción más recomendable para visitantes con problemas de movilidad. Y desde luego hay que abstenerse de elegirlo los lunes, pues es el día de cierre semanal.

Pocos pasos más adelante se encuentre Il santo bevitore (via di Santo Spirito, 64), precioso restaurante con un ambiente tranquilo y agradable, siempre iluminado a la luz de las velas, en donde el plus se encuentra en los condimentos, la experimentación con sabores nuevos incorporados a la tradición, la sofisticación del emplatado y unos precios que, encontrándose en la media florentina (30 euros por dos platos, postre y vino), permiten disfrutar de algo más. Para los amantes del picoteo, el mismo propietario ofrece la opción del establecimiento Il santino (via di Santo Spirito, 60), con idéntica calidad pero en formatos más ligeros y económicos. Además de por los buenos vinos, emblema elevado a seña de identidad en el mismo nombre del local, también los suculentos y variados taglieri (las tablas toscanas de embutidos y quesos) merecen protagonizar un buen entrante o bien, por qué no, un plato único. Es altamente recomendable reservar con antelación si no quiere verse haciendo cola como si estuviese esperando para entrar en los Uffizi.

 

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