Descubrir el país a través de su artesanía

A medio camino entre el diseño, el arte y los oficios tradicionales, la artesanía es también una manera de acercarse a un país, a una cultura, a un paisaje. Varía en función de los materiales disponibles en cada territorio y de las tradiciones que nacen, y a veces también mueren, con el devenir de los pueblos.

Así, por ejemplo, si visitamos las Baleares podemos comprobar que su suelo calcáreo y su clima Mediterráneo, con altas temperaturas en verano y suaves en invierno y escasas precipitaciones, la hacen una tierra idónea para especies aromáticas y silvestres como el hinojo, el romero, la hierba luisa, la manzanilla, el limonero, el naranjo o el toronjil, sustancias que, junto con el anís y el aguardiente, han dado origen a los afamados licores Hierbas de Mallorca y Hierbas Ibicencas, dos bebidas espirituosas protegidas con Denominación de Origen que se elaboran mediante maceración desde tiempos inmemoriales en las islas y que se popularizaron hace dos siglos con la difusión del método de destilado. Hoy en día, existen tantos licores de hierbas como familias hay en las islas, ya que la mayoría elaboran su propia producción para autoconsumo hacia los meses de mayo o junio en jornadas que se convierten en eventos familiares y sociales en los que la necesidad de mano de obra sirve de excusa para juntarse y celebrar. Actualmente, estas bebidas no sólo son magníficos digestivos, sino que también han entrado a formar parte de la gastronomía local condimentando los más diversos platos de carne o de pescado.

Licor de Hierbas de Mallorca. Foto: Pravin Premkumar (CC BY 2.0)

Otro ejemplo: varios siglos después del nacimiento del Camino de Santiago, los peregrinos que hacían el Camino del Norte se encontraban a su paso por Asturias con un fósil negro muy ligero, procedente de árboles jurásicos, que tiene el valor de una piedra semipreciosa. Lo asociaban –y aún hoy se asocia– a la buena suerte y por eso los que hacían el camino lo llevaban con ellos hasta su meta; una vez en Compostela, pedían a los orfebres que incrustasen en una joya esta pieza que, al pulirse en la mesa del artesano, adopta un brillo muy especial. Es así como se instauró la tradición del azabache en la capital de Galicia, a pesar de no ser un material presente en esta tierra que, junto con los sapos –tres piezas articuladas que habitualmente forman pendientes o colgantes– y la técnica de la filigrana, es ya parte del acervo joyero de esta tierra.

Y otro: el barrio sevillano de Triana es hoy una gran galería de arte abierta al público, como también lo es el resto de la ciudad, que exhibe con melancolía retazos de ese pasado glorioso en el que los alfareros y ceramistas eran reconocidos incluso internacionalmente y vivían bien gracias, principalmente, a sus reconocidos azulejos alicatados. Como si de grandes lienzos se tratara, en ellos representaban con esmaltes todo tipo de escenas, a menudo imágenes religiosas, indicaciones de calles e incluso publicidad. Hoy apenas se utilizan, ya que la arquitectura actual busca la desnudez ornamental, incluso cuando ello obliga a deshacerse de una seña de identidad en peligro de extinción. Aunque se ha creado un centro de interpretación de la cerámica de Triana, apenas quedan artesanos que mantengan la actividad, y los que la mantienen son, en su mayoría, extranjeros. Lo cuenta muy bien Laura Cano en Architectural Digest.

Sevilla. El azulejo de las islas Baleares en la Plaza de España (década de 1920). Foto: Li Taipo (CC BY-NC-ND 2.0)

Días Europeos de la Artesanía

Estos son algunos de los secretos que esconden los oficios tradicionales y que podremos descubrir el próximo fin de semana, los días 6, 7 y 8 de abril en los Días Europeos de la Artesanía; en el primer caso, de la mano de Licores Moyà, una de las fábricas de más solera de Mallorca, que enseñará a elaborar la mezcla mística a quienes se acerquen hasta su fábrica; en el segundo, la orfebre gallega Susi Gesto, una de las pocas que todavía elabora piezas únicas –es decir, una a una, sin utilizar técnicas de reproducción en serie como la microfusión– impartirá un taller participativo sobre joyería y ofrecerá a los visitantes a su taller la posibilidad de elaborar su propia joya; y en el último caso con un tour por la historia de la cerámica en Sevilla. Pero no son los únicos.

Los Días Europeos de la Artesanía programan, sólo en España, 268 eventos entre talleres abiertos, visitas a centros de formación, demostraciones, ferias y mercados, exposiciones y otras actividades que permitirán a grandes y pequeños aprender un poco más sobre la cultura del lugar que visitamos o la de nuestro propio entorno y poner a prueba nuestras habilidades. Temas hay para todos los gustos: diseño textil, elaboración de jabones o productos ecológicos de cosmética, destilación de aceites esenciales con alambiques, creación de máscaras de cartón-piedra, talla o escultura en piedra o en madera, forja, elaboración de instrumentos musicales, cestería… El único pero que le encontramos, como buenos foodies que somos, es que la gastronomía no esté representada en esta feria. Porque, ¿acaso hay algo más artesano que una buena rosquilla de Abades?

La iniciativa surgió en el año 2002 en Francia, a la que rápidamente se sumó España y en la que hoy participan 18 países europeos. Está impulsada por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad a través de la Escuela de Organización Industrial (EOI), con la colaboración de la Organización de los Artesanos de España.

Retos del sector artesanal

El sector de la artesanía contribuye con 4.000 millones de € al Producto Interior Bruto (PIB) nacional, lo que supone un 0,4% del total, y emplea a 125.000 personas, según datos de 2014 del Informe de la situación de la artesanía en España elaborado por Fundesarte; un sector al que la crisis económica ha afectado especialmente, con una reducción en el número de empresas que este organismo sitúa en torno al 35%. Pese a todo, la industria está mostrando síntomas de mejora de la competitividad, particularmente la derivada de la incorporación de las TIC, pero también debido a la innovación y a la cooperación entre distintas organizaciones.

Otro de los graves problemas que acusa es el envejecimiento de los artesanos, con cuya jubilación se perderá, no sólo un importante activo económico, sino también cultural; por contra, la incorporación al mercado de trabajo de personas jóvenes está permitiendo profesionalizar más el sector, conscientes de la importancia de enfocar su actividad de manera empresarial, e innovar al vincular prácticas tradicionales y nuevos diseños. Una de las cuestiones que la industria ya está abordando es su excesiva masculinización, con sólo un 37% de presencia de mujeres, exceptuando el sector textil, claramente feminizado.

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