Brasil, cara a cara con sus minorías culturales

Aunque todo el mundo sabe que Brasil es actualmente el gran pulmón del portugués, afirmar esto solo estaría respondiendo a una realidad parcial. Porque, ¿sabías que en Brasil se hablan actualmente cerca de 275 lenguas?

Sí, has leído bien. Casi 300 códigos lingüísticos conviven en este país, algunos de ellos en serio peligro de desaparición.

Se trata de una realidad cultural que todavía hoy sigue siendo una de las caras menos conocidas del coloso del cono sur. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística casi 900.000 habitantes de Brasil pertenecen a alguna de las 305 etnias registradas en este país, es decir, que son minorías culturales, si bien este cómputo es necesariamente incompleto porque hay pueblos que aún no se sabe con certeza si existen pues, debido a que viven en los más profundo de la Amazonia, todavía no se ha logrado contactar con ellos.

Apib Comunicaçao (CC BY-SA 2.0)

Más impresionante aún es saber que, en el momento en que los europeos llegaron a Brasil, allá por el año 1500, el número de lenguas que se hablaban en este inmenso territorio ascendía a cerca de 1.300.

Es decir: en 600 años se han extinguido unos mil idiomas solo dentro del territorio brasileño. Con esas lenguas que dejaron de pronunciarse para siempre, no solo desapareció una irrecuperable riqueza cultural, sino que miles de personas fueron masacradas, esclavizadas, expuestas a enfermedades nuevas a las cuales no lograron sobrevivir u obligadas a aceptar una colonización cultural que los empujó a abandonar sus raíces para siempre.

Apib Comunicaçao (CC BY-SA 2.0) 3

Un verdadero genocidio cultural, vaya. Un genocidio olvidado, ocultado y solo reivindicado en las últimas décadas. Lo cual quiere decir que actualmente Brasil acepta y preserva esa riqueza cultural y lingüística. De hecho, las lenguas brasileñas actuales están siendo estudiadas y organizadas en familias y troncos lingüísticos atendiendo a los parecidos y diferencias existentes entre ellas.

En realidad, los estudios iniciales sobre las lenguas indígenas fueron realizados por los misioneros jesuitas portugueses en el tiempo de la colonización. Las primeras culturas tenidas en cuenta fueron las pertenecientes al tronco Tupi, cuyas lenguas, muy semejantes entre sí, pasaron a ser consideradas como el prototipo de las lenguas indígenas de Brasil.

Por el contrario, los demás idiomas nativos fueron despreciados, siendo incluidos en un grupo denominado tapuya, palabra que en lengua tupi significa “enemigo”, “bárbaro”, por considerar los misioneros que se trataba de códigos anómalos y de muy difícil pronunciación.

En realidad, el interés de los jesuitas por el tupi radicaba en sus intenciones evangelizadoras, ya que dominando ese grupo de idiomas pretendían convertir a los indígenas, es decir, colonizarlos religiosa y culturalmente. Pero al menos ese interés permitió que en 1595 se publicara una gramática de lengua tupi, elaborada por el canario José de Anchieta (1534-1597), cofundador de Río de Janeiro y de São Paulo y santo de la Iglesia católica canonizando en 2014 por el papa Francisco.

Governo do Estado de S. Paulo (CC BY 2.0)

En todo caso, hay que tener en cuenta que el tupi guaraní es una familia lingüística constituida por distintos códigos que no sólo se hablan en Brasil, sino que constituyen el canal de expresión de pueblos que viven en Bolivia, Perú, Venezuela, Colombia, Paraguay, Argentina y en la Guayana francesa.

Y esto solo en lo que atañe a una familia lingüística, ni siquiera estamos hablando de un tronco lingüístico, realidad que supone multiplicar esta complejidad de una forma a veces realmente difícil de precisar.

Como ejemplo baste este dato: solo en un tronco tupi, además del tupi guaraní, conviven familias como las constituidas por el monde, el tuparí, el jurna, el mundurukú, el ramarána y otros códigos mucho más minoritarios y aislados como son el awetí, el sateré-mawé y el puruborá.

Todo esto refiriéndonos solo al tronco lingüístico más conocido y estudiado.

Si quisiéramos penetrar por el intrincado tronco Macro-Jê o en códigos que, por su diversidad, es complicado asociar entre sí, llegaríamos a un verdadero cosmos lingüístico que daría para organizar cientos de atlas y miles de monografías.

Una realidad fascinante y sumamente compleja que forma parte intrínseca de la insondable riqueza cultural de Brasil.

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