10 cosas que quizás desconozcas de Río de Janeiro

La “cidade maravilhosa”, como les encanta denominar a los cariocas a esta preciosa metrópoli sudamericana, es sinónimo de turismo, paisaje, playa y diversión. Todas estas realidades, que salen al paso del visitante de una forma casi espontánea, han acabado por eclipsar otros aspectos que conviene también tener en cuenta en un viaje a Río. A continuación te ofrecemos algunas pistas sobre esas caras de la ciudad menos conocidas, que podrás localizar fácilmente en el mapa al final de esta página.

1. Una de las bibliotecas más bonitas del mundo

Al establecer el binomio cultura y Río de Janeiro, en el imaginario del turista salta inmediatamente la palabra “carnaval”. Por supuesto, es una de sus manifestaciones culturales más llamativas a nivel internacional. Pero en este ámbito, Río es mucho más. Por ejemplo, pocos saben que alberga una de las bibliotecas más importantes del mundo: el Real Gabinete Português de Leitura. Fundado en 1837 por un grupo de exiliados políticos portugueses, está ubicado en un precioso edificio de estilo manuelino y alberga más de 350.000 volúmenes que se pueden consultar en el Salão de Leitura, verdadera joya de la ebanistería que deja boquiabierto al visitante con su lujo y belleza.

·S (CC BY-NC-ND 2.0

2. Una de las obras cumbres del rococó a nivel mundial

Aunque tendemos a identificar este estilo arquitectónico y decorativo con centroeuropa, Río cuenta con uno de los mejores ejemplos de rococó, el que se puede admirar en la iglesia de Nossa Senhora do Monte do Carmo da antiga sé, más conocida como a Sé Velha o la catedral vieja, ya que cumplió funciones de basílica metropolitana desde 1808 hasta 1976. En su interior se encuentra la Capilla Imperial, lugar de coronación de los emperadores de Brasil. Decorada en 1785 por Inácio Ferreira Pinto siguiendo las pautas del rococó imperante en la época, ofrece un conjunto particularmente armónico apenas alterado desde esa fecha y completado por los frescos de los apóstoles realizados por el pintor José Leandro de Carvalho.

Rodrigo Soldon 2 (CC BY-ND 2.0)

3. Una catedral católica que imita a un templo maya

Si bien el título de basílica más moderna del mundo suele llevárselo con merecimiento la catedral de Brasilia, ideada por el arquitecto carioca Óscar Niemeyer y concluida en 1970, Río cuenta con otro gran templo construido en ese mismo período según el proyecto de Edgar de Oliveira Fonseca, quien quiso recrear una pirámide maya al dar forma a la impresionante basílica metropolitana de San Sebastián, una ciclópea edificación cónica situada en el centro financiero de la ciudad, con capacidad para albergar en su interior a 20.000 personas. Sus cuatro enormes vidrieras —de casi 65 metros de largo cada una— proyectan una sinfonía de luz y colores capaz de dejar sin palabras al visitante.

alobos (CC BY-NC-ND 2.0)

4. El ‘Petit Trianon’ de Versalles en pleno centro carioca

Quien pasee por la Avenida Presidente Wilson, en el corazón de Río, se podrá quedar momentáneamente descolocado al tener la impresión de encontrarse en Brasil con un pedazo del Palacio de Versalles. No se tratará de una alucinación, sino de la sede de la Academia Brasileira de Letras, cuyo edificio es una réplica exacta del Petit Trianon versallesco. Regalo del gobierno francés, este palacete alberga las actividades de los más insignes hombres y mujeres de las letras brasileñas, conocidos con el sobrenombre de “los inmortales” una vez que son elegidos para formar parte, de por vida, de este selecto senado cultural nacional. Además de contener una importante biblioteca, suele organizar periódicamente exposiciones, conferencias y demás actividades literarias.

Fernando Carmo (CC BY-NC 2.0)

5. Escritores por las calles

Aunque cuente con sus templos oficiales, la literatura y sus creadores tienen más presencia en la vida de Río de Janeiro de la que a simple vista pueda parecer. En realidad, camuflados entre el gentío y formando parte de la decoración urbana, es posible encontrar efigies de los principales escritores brasileños a disposición del abrazo o de la cercanía del viandante. Es el caso de las estatuas dedicadas al poeta Carlos Drummond de Andrade (1902-1987), situada en la Avenida Atlántica, a pocos pasos de la playa de Copacabana, y de la novelista Clarice Lispector (1920-1977), colocada en el otro extremo de la bahía, sobre Leme, la playa que esa escritora veía a diario desde las ventanas de su apartamento. Estos silenciosos compañeros de banco frente al océano, tan queridos por los cariocas, no gozan siempre de una existencia tranquila. Desde su instalación en 2002, la imagen de Drummond ha padecido once ataques vandálicos, siempre destinados a obtener un curioso botín: las gafas de bronce que descansan sobre la nariz del literato. El escaso valor del objeto ha llevado a las autoridades a considerar que se trata de acciones de fanáticos admiradores del poeta, deseoso de hacerse con un fetiche relacionado con él. Más suerte hasta el momento ha tenido Lispector, cuya estatua, inaugurada en 2016, se ha librado de sufrir desperfectos. Los cariocas lo atribuyen a la presencia a los pies de la escritora del perro Ulises, fiel compañero de la autora a lo largo de los últimos años de su vida y que ahora, en bronce, sigue velando por la integridad de su ama.

6. Desayunar o merendar como en la ‘Belle Epoque’

En el número 32 de la Rua Gonçalves Dias, en pleno casco histórico de Río, se encuentra un verdadero templo del buen gusto, no solo por la calidad de su variadísimo surtido de pasteles, cafés e infusiones, sino también por la exquisitez de su decoración Art Nouveau, conservada intacta desde la inauguración de los locales de esta famosísima Confeitaria Colombo, que los inmigrantes portugueses Joaquim Borges de Meireles y Manoel José Lebrão abrieron en 1894. En todo caso, su fascinante estilo decorativo data de 1919, cuando se inauguraron los salones presididos por enormes espejos belgas, vitrinas de madera de jacarandá y mesas y mostradores de mármol, todo ello ubicado bajo una preciosa claraboya de vidriera pintada a mano, marco perfecto para que la alta burguesía y la aristocracia la eligiesen como lugar preferido para sus encuentros y tertulias. Todavía hoy se dan cita entre sus paredes políticos, banqueros, escritores y artistas, y ni siquiera Isabel II de Inglaterra pudo resistir la tentación de ir a tomar el té con pastas a esta cafetería cuando visitó Río en 1968. Todo esto le ha valido a la Confeitaría Colombo el título de patrimonio histórico-artístico del Estado de Río de Janeiro.

marg.ret (CC BY-NC-ND 2.0)

7. Un museo para viajar al futuro

Con demasiada frecuencia tendemos a identificar la palabra “museo” con cuestiones del pasado. Para romper este prejuicio, y también para reflexionar sobre el futuro de la Humanidad y de los avances científicos y tecnológicos, se creó en 2015 el Museu do Amanhã, Museo del Mañana, obra financiada por la Fundación Roberto Marinho, que puso en manos del arquitecto español Santiago Calatrava el diseño de este complejo situado frente al mar, en el Muelle Maua. Organizado en cinco zonas expositivas —Cosmos, Tierra, Antropoceno, Mañana y Ahora—, esta nueva atracción de la ciudad, inaugurada meses antes de los Juegos Olímpicos de 2016, está dotada de los medios más punteros para conseguir que el visitante se introduzca en las temáticas tratadas a través de juegos y experiencias de inmersión en realidades virtuales. De hecho, no se define como un museo de objetos, sino de ideas. Al mismo tiempo, funciona de cabecera de un grupo de investigación interuniversitaria sobre sostenibilidad, filosofía de la que este edificio es un buen ejemplo, pues presume de un ahorro energético del 40 por cierto, se refrigera utilizando las corrientes frías del fondo de la bahía de Guanabara y está dotado de un techo de espinas solares y de lucernario en forma de ventilador diseñado para facilitar la adaptación a las condiciones climáticas imperantes en cada momento.

Matt Kieffer (CC BY-SA 2.0)

8. Un ovni frente a la bahía de Guanabara

Otro museo futurista, en este caso por su osado diseño, es el de Arte Contemporánea de Niteroi, obra del ya citado Óscar Niemeyer, el arquitecto brasileño más conocido e internacional, quien a los 100 años  —cuatro antes de su muerte, acontecida en 2012—, ideó esta gran flor blanca (para muchos, más bien, la representación perfecta de un ovni) que resume el amor sin límites de este creador por la línea curva, “libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de los ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida”. Además de su interesante colección de arte contemporáneo, es, en realidad, un gran espacio multiusos dotado de dos teatros, un jardín concebido como un compendio de la flora brasileña, y un polideportivo en cuyas actividades se combinan cultura, ocio y práctica del deporte. Otro de los grandes atractivos de este edificio son las inmejorables vistas que ofrece de la bahía de Guanabara, de Pão de Açucar y del Cristo Redentor de Corcovado.

·S (CC BY-NC-ND 2.0)

9. Los secretos de una de las siete maravillas del planeta

A propósito del Cristo Redentor, verdadero emblema de la ciudad que nadie que vaya a Río de Janeiro debería dejar de visitar, se pueden recordar algunos datos relacionados con este coloso de hormigón armado que quizás no resulten tan conocidos como su famosa efigie. Incluido entre las nuevas siete maravillas del mundo por votación internacional celebrada en 2007 (junto al Coliseo de Roma, el Machu Picchu, la Gran Muralla China, el Taj Mahal, la ciudad de Petra y el Chichén Itzá de Yucatán), fue realizada por piezas en Francia, ya que en la época no había en Brasil la tecnología necesaria para ello, y ensamblada en la cima del monte Corcovado. Inaugurado el 12 de octubre de 1931 —en coincidencia con la fecha que conmemora la llegada de Colón a América—, sus promotores pudieron presumir de no haberse malogrado ninguna vida humana en su construcción, verdadera proeza teniendo en cuenta la época en que fue construido, la imposibilidad de utilizar andamiajes, la fuerza de los vientos en este lugar situado a 710 metros sobre el nivel del mar e incluso la característica inclinación de su cabeza, todo un desafío a la ingeniería del momento. Aunque la escultura fue ideada por el escultor francés Paul Landowski (quien, por cierto, renunció a sus derechos de autor sobre la obra), para esculpir la cara de Cristo fue elegido el rumano Gheorghe Leonida, quien había conseguido notoriedad en Francia por una imagen del diablo. Después de haber desafiado con éxito riesgos tan importantes como el de trabajar en el Cristo de Corcovado, Leonida falleció víctima de una caída desde el tejado de su casa familiar, a donde se había subido para recoger flores de tilo.

Rafa Bahiense (CC BY-NC 2.0)

10. Una ciudad con hermanas por todo el mundo

Río de Janeiro es una de las ciudades con más hermanamientos internacionales. A fecha de hoy mantiene este tipo de lazo e intercambio con nada menos que 73 poblaciones de todo el mundo, entre las cuales, por razones históricas y culturales obvias, las más numerosas son las de nacionalidad portuguesa, nada menos que doce. Les siguen en número las siete ciudades estadounidenses gemeladas con Río, y a continuación es España el país que más contactos de este tipo ha establecido con la ciudad carioca. Además de Madrid, Barcelona y Santa Cruz de Tenerife, dos localidades gallegas están hermanadas con Río: Santiago de Compostela y el municipio coruñés de Santa Comba, que reivindica de este modo el recuerdo del gran número de emigrantes de esta zona afincados en la antigua capital brasileña.

Lorando Labbe (CC BY-NC-ND 2.0)

 

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